Correo recibido el 5 de Mayo
re-espectacular
Este fin de semana pasado fuimos de safari al parque nacional de Tsavo East. Es el mas grande de Kenya y si sumamos el de Tsavo West que están juntos, no se yo si seria el mas grande del mundo o el segundo mas grande después del Kruger de Sudáfrica.
Este parque es famoso por dos razones, la primera por los leones, los más fieros de África, y por tanto del mundo, que aquí los llaman los "Men-eaters" (Devoradores de hombres), y en segundo lugar por los elefantes.
Los leones se llaman "Men-eaters" porque durante la construcción del ferrocarril, solamente dos de ellos llegaron a comerse a 140 personas en menos de 1 año, hasta que el jefe de la construcción, el coronel Patterson, les dio caza después de poner bastantes trampas y ser eludidas. El primer león dicen que lo cazo escondiéndose en un burro de madera como señuelo, vamos como el caballo de Troya pero a menor escala. El segundo de los leones lo mato después de pegarle hasta 6 tiros, lo que da una idea de la fiereza de los animales.
No voy a entrar en los detalles de porque se comían a los hombres pero ahí os dejo la tarea.
Este buen hombre se debió aficionar a este tipo de cacería, al igual que muchos que vinieron detrás, pero la verdad sea dicha, no vimos ni un solo león. Según mi hijo Eduardo, el llego a ver uno corriendo, pero los demás que estábamos en el coche nada de nada.
Los elefantes son espectaculares, pero mas espectacular es cuando ves las manadas de hembras con las crías entre medio. Aquí tenéis una foto (sin zoom, ojo, a pelo) de una manada cruzando por delante de mi coche:

Si contáis bien aquí se pueden apreciar hasta 13 elefantes (Tened en cuenta que los mas pequeños los cubren las hembras) y venían por detrás otros 12 que ya no cabían en el encuadre. O sea 25 elefantes de una tacada. Y además se quedaron sin cruzar como unos 18 ó 20 más, y veníamos de ver otro par de manadas de un número bastante similar.
Y si esto os ha parecido espectacular, esto no es nada comparado con lo que realmente fue re-espectacular (como dicen mis amigos argentinos).
Estábamos en el campamento esperando para la cena y charlando sobre los safaris cuando, nada mas yo decir que cada uno era diferente a los demás y que cada día te tenia una sorpresa diferente, llego mi hijo Placido muy excitado diciendo que había entrado un elefante y estaba junto a nuestros coches. Nos fuimos a verlo y no os podéis imaginar la cantidad de adrenalina que se suelta al verte a escasos metros (entre 8 y 10 metros) junto a una mole como esta:


(Nota: Pongo dos fotos que hicimos en Tsavo West el año pasado porque: 1: La cámara estaba en el coche y cualquiera se acercaba al coche a coger la cámara, y 2: porque era de noche y habría que disparar con flash, con lo cual se podría asustar el animal y para dar susto a animales salvajes ya están los cámaras del Nacional Geografic y cobran por eso).
Los colmillos podrían medir metro y medio y la huella que dejaba era mayor que dos pies de mujer (este dato no es que sea machista sino que una se preocupo de medirlo poniendo su pie encima una vez que se fue el animal).
Y allí que iba el tío pasando por todo el campamento con una tranquilidad asombrosa, hasta que en un momento dado se hartaría de nosotros o notaria que le estábamos cortando su paso, que hizo el intento de dar un arreón y envestir. En realidad tiro arena con la trompa a donde estábamos, pero de allí salimos huyendo como si fuera el mismo diablo que nos hubiera escupido a la cara. La reacción del animal era normal y mas teniendo en cuenta la cantidad de personas que estábamos alrededor suyo, incluyendo bastantes niños pequeños.
El elefante siguió su camino, cruzo el río, por cierto salio justo por donde había un cocodrilo, así que esta es la ley de la selva y los animales se respetan unos a otros, y ahí quedo la cosa.
Bueno, ahí quedo hasta que después de la cena, mientras nos tomábamos una copa y comentábamos las experiencias vividas en el día, volvió a cruzar el río y volvió a cruzar el campamento. Esta vez mas rápido ya que los niños y bastantes adultos (obviamente todos menos los españoles) ya estaban acostados.
Un abrazo
Eduardo Carrellan
