Escuela de oro

Cuando hemos visto las olimpiadas que acaban de finalizar, nos hemos maravillado con que Kenya ha obtenido el mismo numero de medallas de oro que España y solamente en atletismo. En el global de medallas casi empata con nosotros y eso que ellos casi solamente la consiguen corriendo.
En toda la historia del olimpismo siempre, y cuando digo siempre es que nunca han fallado, siempre han conseguido la medalla de oro en 3.000 metros obstáculos. En maratón igualmente medalla de oro, y no menciono el resto.
Cuando llegue a Kenya por primera vez, una de las cosas que más me llamo la intención, y creo que lo he comentado en alguna que otra ocasión, es la cantidad de gente andando. Cientos, miles de personas andando. Hay zonas donde agobia el ir, aunque sea en coche, porque la gente andando son como hormigas (y no lo digo por el color), se mueven para todos lados que casi parece caótico, y lo hacen como las hormigas, muchas de ellas transportando bultos en la cabeza.
Viendo a la gente andar se te viene a la cabeza las medallas de oro en las competiciones atléticas, da igual que sean las olimpiadas o el campeonato del mundo, allí están los kenyatas corriendo mas que nadie en fondo.
Pero el otro día me llamo poderosamente la atención otra cosa. Con la obra que hemos empezado a construir, tengo que ir a visitar el avance de un almacén que igualmente estamos construyendo y el cual se encuentra a unos 500 metros de nuestra planta. Aunque sea peligroso, y ya le lo han advertido en varias ocasiones, prefiero hacer el recorrido andando, no es que sea un paisaje bonito, pero me gusta andar este paseito (lo suelo hacer un par de veces al cabo del día). Prefiero andar porque veo a gente, de todo tipo, normalmente me cruzo con pastores de vacas y cabras, y hay veces que me cruzo con colegios de la zona que no se a donde van.
Y lo que me llamo la atención el otro día fue precisamente un colegio de aquí, de Lunga Lunga, en el suburbio de chavolas de Donholm, el cual no estaba yendo a ninguna parte, sino que los pequeños estaban en su clase de gimnasia en mitad de este carril.
Como ya he dicho, los kenyatas no se si se ríen de nosotros o con nosotros, lo cierto y verdad que todos los niños se reían bastante al verme pasar camino del almacén. Las risitas me hicieron gracia y me quede observando un ratito lo que hacían.
Era muy simple, dividieron la clase en dos grupos, mandaron a un chico de cada grupo a una distancia de unos 100 metros, e iban saliendo corriendo un miembro de cada equipo a tocar a su compañero y volver.
El equipo que ganaba lo celebraba como si hubiesen ganado una copa. No se daban cuenta que normalmente ganaba el que hacia trampas ya que no llegaba a tocar a su compañero del fondo, sino que se daba la vuelta cunado veía al rival que tocaba, así que tenia unos cuantos metros de ventaja, y por mas que corriera, esa ventaja le hacia que no llegara a tiempo para ganarle.
Pero lo que me llamo en principio la atención es que todos, todos los corredores lo hacían descalzos, no tenían zapatos, corrían descalzos en una zona que como he dicho me cruzo con rebaños de cabras y vacas, con lo cual es suelo tiene muchas bolitas de mierda de cabra y bastantes mojones de mierda de vaca.
Y decía que eso era lo que me llamo en principio la atención, porque lo que mas me impacto es que tenían algo raro en las manos, y cuando me fije, lo que tenían eran lo calcetines. Luego me fije mas en detalle y es que se quitaban los calcetines para no romperlos con el terreno que esta lleno de chinitas.
Aquí si que esta la autentica escuela de campeones, todos, sin excepción, son merecedores de una medalla de oro por crecer como crecen y encima riendo.
Me acorde de mis hijos y de como protestan cuando no accedes a comprarles unas zapatillas deportivas de la marca de moda.
No le dije nada a mi mujer de este tema, pero este fin de semana después de haber estado en el colegio de mis hijos y haber visto lo que hay por muchas zonas de Nairobi, ella me preguntaba que que habíamos hecho para merecernos el vivir como vivimos, con la abundancia en la que vivimos. La única respuesta que se me ocurrió y que se me ocurre, es que no hemos hecho nada y que debemos aprender a agradecerle a Dios el como hemos nacido, hemos crecido, y seguimos viviendo, en vez de tanto pedir y protestar.
Abrazos desde Nairobi.